El día de la balsa

- Oye! Que dice el Juan José (san José para los amigos) que el asca de la balsa de la Esperanza se ha quedado seca - comenta en la puerta de la Sociedad el presidente del concejo.
- habrá que subir a ver si se ha cegado el tubo o algo.

Dicho y hecho. Presidente, secretario y un vecino del concejo se suben a eso de las 18:30 después de haber cumplido sus obligaciones diarias en el trabajo y con la familia. Tras 3 cuartos de hora de subida, llegamos a la balsa. Las moscas y mosquitos nos comen y el calor y el esfuerzo nos hacen sudar. Abajo, las ruinas del castillo de Garaño van asomando poco a poco tras siglos de estar olvidadas, gracias al esfuerzo y perseverancia de unos pocos.
Nuestra herramienta de última tecnología es un hierro doblado atado en una cuerda. Pescamos el tubo (a la primera no hubo forma) para comprobar que el tubo no está cegado y lo dejamos atado a un árbol.
Ni gota. Movemos la boya y empieza a salir agua, pero es una falsa alarma, simplemente el agua que quedaba en el tubo. El presi suelta el tubo, aspira, traga agua sucia, pero el agua de la balsa no llega. Subimos, bajamos, subimos, miramos y remiramos pero la arqueta debe haberse ido a algún sitio más divertido. Las luces de la comarca empiezan a encenderse a la vez que la luz del sol va dejando paso a las primeras estrellas de otra noche de verano.
No podemos hacer nada más, le tocará al amigo San José (Juan José) terminar de arreglar el asunto. Empezamos la bajada y mientras pasamos por los viejos Robles que vieron como tiraban el viejo castillo, nuestras mujeres llaman preocupadas por nuestra tardanza. 21:30, tras 3 horas de trabajo, reflexionamos: ¿en serio no tener concejos va a ahorrar dinero?

Aquí, el presi y el vecino "desatascando" la balsa

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